Tras el retorno al poder en 2021 de los
talibanes (fundamentalistas islámicos) la presencia de las mujeres en los
medios de comunicación ha desaparecido prácticamente, viéndose obligadas las
que no quieren abandonar la profesión, a trabajar desde el exilio, en casa o en
secreto.
Amira, licenciada en periodismo
por la Universidad de Kabul, ha trabajado para medios locales y extranjeros y
se ha desplazado dentro del país para realizar coberturas, pero las
restricciones impuestas por los talibanes a los movimientos de las mujeres le
impiden seguir viajando. Los fundamentalistas obligan a las afganas a estar
acompañadas por un hombre de su familia para este tipo de desplazamientos. La
joven Amira es un ejemplo del destino que sufren la mayoría de las periodistas
de Afganistán, que han tenido que dejar de trabajar, escribir de forma
clandestina o abandonar el país, debido a las graves amenazas sufridas.
Con su vuelta al poder, los
fundamentalistas tomaron medidas durísimas contra la presencia de las mujeres
en los medios de comunicación, así como en la mayoría de los sectores
profesionales, exceptuando la salud y la educación, donde, por necesidad, hay
una mayor aceptación de profesionales mujeres. En general, las restricciones
tan severas han hecho que las mujeres afganas desaparezcan de la mayoría de los
puestos de trabajo.
Periodistas mujeres del
oeste de Afganistán dan testimonio del control absoluto al que son sometidas en
su puesto de trabajo al soportar que funcionarios del Ministerio para la
Propagación de la Virtud y la Prevención del Vicio las visiten con el solo
propósito de comprobar si sus vestidos son adecuados a las normas y asegurarse
de que están aisladas sin el menor contacto con los demás profesionales
hombres.
Salma, es directora de un
programa de radio que graba desde su hogar y lo envía a la emisora. No se le
permite tener a hombres como invitados o entrevistados, tampoco puede
participar en conferencias, actos oficiales o ruedas de prensa de organismos
públicos.
Las reporteras que trabajan con
medios extranjeros temen ser detenidas y encarceladas, no consiguen el carné de
periodista del Gobierno, obligadas a trabajar en secreto y a no realizar
trabajo en el terreno. Los responsables de los medios de comunicación se
aprovechan de la situación actual y contratan a reporteros varones. Si
contratan a mujeres, lo hacen con un salario mucho más bajo que el de los
hombres.
En noviembre de 2021, los fundamentalistas
publicaron un edicto en el que se prohibía a las mujeres actuar en obras de
teatro y series de televisión. También se ordenó a los jefes de los medios de
comunicación afganos que no emitieran ningún contenido que pudiera oponerse a
la Sharía o ley islámica, incluyendo programas de televisión y de música
extranjeros, y se estableció que las presentadoras de informativos debían
cubrirse integralmente.
Samira, que ha asumido las
dificultades y ha continuado con su trabajo teme ser detenida por publicar
noticias contrarias a la ideología de los talibanes. La joven acude a su
oficina con un largo hiyab que cubre su cabeza y su cuerpo hasta los tobillos, porque
sabe que los funcionarios talibanes pueden aparecer en cualquier momento para
ver cómo van vestidas las mujeres.
La ONU cree que las afganas
podrían ser víctimas de un “apartheid de género”, término que define el acoso y
la progresiva reducción de los derechos más elementales por el simple hecho de
ser mujer. En este momento, ninguna niña de más de 12 años puede ir a la
escuela o la universidad en Afganistán, es el único país en el mundo donde esto
ocurre.
Afganistán ocupa el último lugar
(177º) en el último Índice Global de Paz y Seguridad de las Mujeres, elaborado
por el Instituto de Georgetown para las Mujeres, Paz y Seguridad.
Según Rukhshana Media, antes de
la toma del poder por los talibanes había al menos 100 mujeres que trabajaban
en los medios de comunicación en la provincia de Herat. Actualmente, es
imposible saber a ciencia cierta cuántas siguen trabajando.
Esta vergonzosa situación nos
coloca ante varias modalidades de discriminación:
· Directa y abierta por razón de género, se trata a la mujer de
forma desigual respecto al hombre y se manifiesta expresa y abiertamente que la
razón que motiva la diferencia de trato es el hecho de ser mujer.
· Interiorizada, supone haber interiorizado la creencia de la
superioridad del hombre frente a la mujer.
Debemos hablar de apartheid de género, a través de la discriminación sistémica con la intención de someter a la mujer a la dominación
total y de misoginia generalizada (odio a la mujer por el hecho de
serlo).
No cerremos los ojos, debemos
acusar a los que están causando tanto dolor, de Crímenes contra la Humanidad y
deben responder por ello ante La Corte Penal Internacional.
En cuanto a las posibles
estrategias a seguir para mejorar la situación sólo se me ocurre una: que los
estados democráticos tomen parte y asuman la responsabilidad de salvar a las
mujeres y niñas en Afganistán, que a través de la presión económica y política
se obligue al poder talibán a aceptar (llevará bastante tiempo) la
participación de la mujer, con igual derecho, en todos los ámbitos de la vida
de aquel país.
Referencias
bibliográficas:
·
Diario El País.
·
Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de
Naciones Unidas.
·
Amnistía Internacional.
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