jueves, 11 de abril de 2024

Periodismo Sin Mujeres en Afganistán: una Forma más de Violencia



   Tras el retorno al poder en 2021 de los talibanes (fundamentalistas islámicos) la presencia de las mujeres en los medios de comunicación ha desaparecido prácticamente, viéndose obligadas las que no quieren abandonar la profesión, a trabajar desde el exilio, en casa o en secreto.

Amira, licenciada en periodismo por la Universidad de Kabul, ha trabajado para medios locales y extranjeros y se ha desplazado dentro del país para realizar coberturas, pero las restricciones impuestas por los talibanes a los movimientos de las mujeres le impiden seguir viajando. Los fundamentalistas obligan a las afganas a estar acompañadas por un hombre de su familia para este tipo de desplazamientos. La joven Amira es un ejemplo del destino que sufren la mayoría de las periodistas de Afganistán, que han tenido que dejar de trabajar, escribir de forma clandestina o abandonar el país, debido a las graves amenazas sufridas.

Con su vuelta al poder, los fundamentalistas tomaron medidas durísimas contra la presencia de las mujeres en los medios de comunicación, así como en la mayoría de los sectores profesionales, exceptuando la salud y la educación, donde, por necesidad, hay una mayor aceptación de profesionales mujeres. En general, las restricciones tan severas han hecho que las mujeres afganas desaparezcan de la mayoría de los puestos de trabajo.

Periodistas mujeres del oeste de Afganistán dan testimonio del control absoluto al que son sometidas en su puesto de trabajo al soportar que funcionarios del Ministerio para la Propagación de la Virtud y la Prevención del Vicio las visiten con el solo propósito de comprobar si sus vestidos son adecuados a las normas y asegurarse de que están aisladas sin el menor contacto con los demás profesionales hombres.

Salma, es directora de un programa de radio que graba desde su hogar y lo envía a la emisora. No se le permite tener a hombres como invitados o entrevistados, tampoco puede participar en conferencias, actos oficiales o ruedas de prensa de organismos públicos.

Las reporteras que trabajan con medios extranjeros temen ser detenidas y encarceladas, no consiguen el carné de periodista del Gobierno, obligadas a trabajar en secreto y a no realizar trabajo en el terreno. Los responsables de los medios de comunicación se aprovechan de la situación actual y contratan a reporteros varones. Si contratan a mujeres, lo hacen con un salario mucho más bajo que el de los hombres.

En noviembre de 2021, los fundamentalistas publicaron un edicto en el que se prohibía a las mujeres actuar en obras de teatro y series de televisión. También se ordenó a los jefes de los medios de comunicación afganos que no emitieran ningún contenido que pudiera oponerse a la Sharía o ley islámica, incluyendo programas de televisión y de música extranjeros, y se estableció que las presentadoras de informativos debían cubrirse integralmente.

Samira, que ha asumido las dificultades y ha continuado con su trabajo teme ser detenida por publicar noticias contrarias a la ideología de los talibanes. La joven acude a su oficina con un largo hiyab que cubre su cabeza y su cuerpo hasta los tobillos, porque sabe que los funcionarios talibanes pueden aparecer en cualquier momento para ver cómo van vestidas las mujeres.

La ONU cree que las afganas podrían ser víctimas de un “apartheid de género”, término que define el acoso y la progresiva reducción de los derechos más elementales por el simple hecho de ser mujer. En este momento, ninguna niña de más de 12 años puede ir a la escuela o la universidad en Afganistán, es el único país en el mundo donde esto ocurre.

Afganistán ocupa el último lugar (177º) en el último Índice Global de Paz y Seguridad de las Mujeres, elaborado por el Instituto de Georgetown para las Mujeres, Paz y Seguridad.

Según Rukhshana Media, antes de la toma del poder por los talibanes había al menos 100 mujeres que trabajaban en los medios de comunicación en la provincia de Herat. Actualmente, es imposible saber a ciencia cierta cuántas siguen trabajando.

Esta vergonzosa situación nos coloca ante varias modalidades de discriminación:

· Directa y abierta por razón de género, se trata a la mujer de forma desigual respecto al hombre y se manifiesta expresa y abiertamente que la razón que motiva la diferencia de trato es el hecho de ser mujer.

· Interiorizada, supone haber interiorizado la creencia de la superioridad del hombre frente a la mujer.

 Debemos hablar de apartheid de género, a través de la discriminación sistémica con la intención de someter a la mujer a la dominación total y de misoginia generalizada (odio a la mujer por el hecho de serlo). 

No cerremos los ojos, debemos acusar a los que están causando tanto dolor, de Crímenes contra la Humanidad y deben responder por ello ante La Corte Penal Internacional.

En cuanto a las posibles estrategias a seguir para mejorar la situación sólo se me ocurre una: que los estados democráticos tomen parte y asuman la responsabilidad de salvar a las mujeres y niñas en Afganistán, que a través de la presión económica y política se obligue al poder talibán a aceptar (llevará bastante tiempo) la participación de la mujer, con igual derecho, en todos los ámbitos de la vida de aquel país.


    Referencias bibliográficas:

·       Diario El País.

·       Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de Naciones Unidas.

·       Amnistía Internacional.

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